Honestidad intelectual

Dice la Ley de Felson: “Robarle
ideas a una persona es plagio. Robárselas a muchas es investigación”. Esta ley
figura en el libro de Arthur Bloch, La
ley de Murphy. Edición especial de aniversario, traducción de Ana Mendoza, Temas
de Hoy, Madrid, 2005, p. 98, y como se puede comprender, está enunciada con
sentido del humor. Lo que sí es cierto es que, si bien es deseable y positivo
que las investigaciones sean profundamente innovadoras, el máximo grado de
innovación, creatividad e inteligencia solo es alcanzable por algunos, de
manera que el “rasero mínimo” se queda en la exigencia de una obra original que
realice alguna aportación relevante a la ciencia de que se trate. Desde luego,
esto excluye toda forma de plagio, así como toda apropiación de cualquier obra
intelectual ajena. Para evitar este tipo de prácticas inadmisibles, hay que
seguir diversas reglas, pero estas se pueden resumir en el sentido común y la
más rigurosa honestidad en el manejo de las fuentes y la declaración de la
procedencia de toda idea o texto. Se puede citar más o menos, y la comunidad
científica admite diversos sistemas y técnicas de cita, pero lo que en ningún
caso cabe es reproducir sin cita.
De
aquí se derivan ciertas exigencias elementales: siempre que se incorporen ideas ajenas hay
que dar la referencia, y reflejarlas huyendo de toda tendenciosidad o
manipulación; siempre que se introduzcan citas literales hay que entrecomillar,
además de declarar la fuente; si se cita “por referencia” de otro autor (lo
cual hay que evitar como regla general, salvo que la fuente original resulte
inaccesible por razones justificadas), hay que citar al autor que da la
referencia, y no fingir que se acudió a la fuente original; si la traducción la
ha hecho un tercero, hay que citar al traductor. En las tesis doctorales, hay
exigencias adicionales, ya que han de ser originales e inéditas y, como es
obvio, si son de un autor único no pueden incorporar textos realizados en
coautoría. En estos casos, la autocita es perfectamente posible, pero no el
autoplagio, si se entiende por este la inclusión íntegra y no declarada de
publicaciones previas. Todo este conjunto de criterios deriva de una exigencia general
de eso que podemos llamar “honestidad intelectual”. En mi opinión, alguien podría
cumplir estos criterios y, sin embargo, ser deshonesto en otros aspectos de la
vida; pero lo contrario sería mucho más difícil. Si alguien no es
suficientemente riguroso y honesto en su trabajo académico, y es capaz de
apropiarse de la obra de otros, o falsear la suya propia haciéndola pasar por
original e inédita sin serlo, creo que no cabe confiar en que esta persona sea
honesta en cualquier otro aspecto de la vida.
(Fuente de las imágenes: http://elaltavoz.mx/2015/11/01/como-afecta-el-plagio-como-estudiante/ y http://www.eldiariodecoahuila.com.mx/tecnologia/2017/5/18/unam-crea-software-para-detectar-plagio-textos-653336.html)
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