Elogio de la cerveza
Es probablemente la única bebida
que, existiendo en todo el mundo, en todos los lugares es un producto local. En
los trópicos o en regiones frías, en Asia, África o América, cada país, incluso
muchas veces cada región o cada ciudad, se enorgullece de su cerveza. No se
puede conocer bien un lugar sin conocer sus variedades de cerveza. Las hay
rubias, rojas, tostadas, negras; ligeras y con cuerpo, con diversos estilos… y
todas están buenas. La cerveza es, junto al vino y la sidra, una bebida que
contiene alcohol, pero en la cual su consideración de “alimento” tiene más
peso, porque estas bebidas se han consumido desde siempre como parte de un tipo
de dieta. Como destaca un reportaje publicado en la revista National Geographic
España en febrero de 2017, un estudio de la Universidad Politécnica de Munich
ha descubierto que la causa originaria del “invento” de la agricultura -y con
él de toda la revolución neolítica- fue el descubrimiento de la fermentación de
los cereales, es decir, de la cerveza. “Empezamos a labrar la tierra para
beber”, de dice literalmente en este reportaje. Parece que el ser humano había
descubierto la fermentación espontánea de las frutas que caían de los árboles,
y pronto aprendió a consumir combinados de cereales y agua, primitivas cervezas
que se removían en grandes tinas, como parecen demostrar algunas excavaciones
en el sudeste de Turquía. Ahora todo parece entenderse mejor: no abandonamos
nuestra aventurada, incierta y excitante vida de cazadores-recolectores
nómadas, para sustituirla por una aburrida y acomodada vida sedentaria; no
abandonamos el consumo de las jugosas carnes de las piezas cazadas, para comer verduras,
arroz, pan o pollito, sino para poder hacer fiestas en las que consumir
cerveza, y poco más tarde vino.

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