jueves, 14 de junio de 2018

Nadal

Nadal



            El frenesí informativo de estos días, y acaso también la costumbre, ha restado relieve al undécimo triunfo de Rafa Nadal en Roland Garros. Antes de que el mundial de Rusia 2018 monopolice toda la atención, creo que es el momento de detenerse en esta proeza, y en los méritos de su autor. Desde luego, y más allá de apreciaciones subjetivas, los datos y las cifras son apabullantes. El actual número uno del tenis mundial no solo ha sido el único tenista que ha conseguido ganar once veces el torneo de Roland Garros, sino que además es el segundo con más títulos del Grand Slam (17, por 20 de Roger Federer, cifra que por cierto no parece imposible que alcance el manacorí), y ocupa el primer lugar en títulos de Masters 1000 en modalidad individual. Es el cuarto en la lista de títulos ATP, pero comparte con su amigo Federer el primer lugar en número de títulos ATP World Tour 500. Además de todo ello, tiene dos medallas de oro olímpicas, que contribuyen a que haya sido el tenista más joven en conseguir el llamado “Golden Slam” a lo largo de su carrera, lo que logró en 2010.


            Creo que se puede afirmar, sin temor a resultar exagerado, que es uno de los mejores tenistas de la historia (y sin duda el mejor en tierra batida), así como uno de los mejores deportistas españoles en toda la historia (con permiso, quizá, de Miguel Indurain). Parafraseando aquel anuncio de cerveza, podría decirse que es “probablemente, el mejor deportista español de la historia”. Todo esto son méritos más que suficientes, pero como he dicho muchas veces, en el caso de deportistas con gran proyección pública, no hay que olvidar que son, para muchas personas, y especialmente jóvenes, un modelo, o al menos una referencia. Y por ello, hay que valorar que sepan transmitir determinados valores positivos. En este sentido, Rafa puede ponerse como ejemplo en no pocos aspectos. En primer lugar, su capacidad de lucha y superación. Su carrera, siendo espectacular, ha sido algo irregular por culpa de las lesiones. Pero nunca ha abandonado, siempre ha sido constante, y así ha logrado levantarse tantas veces como ha caído. Por otro lado, este tenista sabe mantener, en sus apariciones públicas, un equilibrio muy adecuado entre el “estar callado” y no pronunciarse ante nada (como si los deportistas no vivieran en la sociedad), y “ser un bocazas”. Nadal ha sido siempre prudente y moderado, pero ha expresado su opinión cuando lo ha considerado. Por eso sabemos, entre otras cosas, que este tenista balear está orgulloso de ser español (y basta ver cómo se emociona con el himno) y desea que España siga estando unida. Por todo, enhorabuena campeón.

(Fuente de la imagen: http://www.marca.com/tenis/roland-garros/2018/06/10/5b1d49f8e2704e14458b4660.html)

jueves, 7 de junio de 2018

El Gobierno y la imagen

El Gobierno y la imagen



            Una vez que el presidente del Gobierno ha accedido al cargo por cualquiera de los procedimientos constitucionalmente previstos, sobre la formación del resto del Gobierno no hay, en términos constitucionales, mucho más que añadir. Tan solo cabría mencionar el artículo 100 de nuestra norma suprema, que dice: “Los demás miembros del Gobierno serán nombrados y separados por el Rey, a propuesta de su Presidente”. Por tanto, el presidente elige libremente a sus ministros, y aunque en un Estado de derecho la arbitrariedad de los poderes públicos está siempre prohibida (artículo 9.3), hay que reconocer que su margen de decisión es, en esto, casi total. Así que el Derecho Constitucional, habitualmente tan entretenido y hasta divertido, en este tema da para relativamente poco, ya que, a partir de ahí, cualquier valoración que se haga sería política, social, cultural, pero no jurídico-constitucional. Lo bueno es que en este espacio yo también me siento libre para dar opiniones particulares de cualquier naturaleza. Lo menos bueno, que ya saben mis lectores que no me gusta expresar aquí valoraciones políticas, y lo único que reconozco abiertamente es ser… del Atlético de Madrid.  Unos ministros me gustan más, otros menos, pero eso no tiene mucha relevancia.


            Pero es evidente que la propia composición del Gobierno transmite algo. Yo creo que este Gobierno de Pedro Sánchez contiene ciertos gestos o “guiños”. Y también mensajes de otro tipo. Entre esos “guiños” parece que hay alguno claro a Europa, al feminismo (o por mejor decir, hacia un concepto de igualdad entre sexos que va más allá de la paridad) o al ecologismo. Eso no prejuzga si finalmente el Gobierno será europeísta, feminista, ecologista… pero se busca dar esa imagen. Entre los “mensajes”, hay una apuesta por el perfil técnico en ciertos ámbitos, pero el que más me interesa es el de firmeza en la defensa de ciertos valores constitucionales, que es, desde luego, toda una apuesta frente a los independentistas que postulan la ruptura unilateral. Algunos han dicho que todo esto es “marketing político”, y yo creo que eso puede afirmarse, pero sin el menor matiz peyorativo. Es imposible valorar hoy la gestión política del Gobierno, y ya se sabe que es tradicional al menos dejar cien días para ese tipo de valoraciones. Esa gestión es, hoy, un libro en blanco. Pero formar un Gobierno es, también, hacer política, y está claro que el presidente Sánchez ha sabido diseñar unos perfiles claros. Y aunque en esto, como casi todos los ámbitos, sea más importante hacer que comunicar, políticamente es hábil quien sabe transmitir la imagen de lo que se pretende hacer.

(Fuente de la imagen: http://eldia.es/nacional/2018-06-01/32-Aprobada-mocion-censura-lleva-Sanchez-Moncloa.htm) 

jueves, 31 de mayo de 2018

La moción de censura

La moción de censura


  
          El sistema parlamentario de gobierno se caracteriza por la permanente dependencia del Gobierno respecto al Parlamento, ya que aquel tiene origen parlamentario y responde políticamente ante la cámara que lo ha elegido. Esta característica, que tiene indudables ventajas, tiene también el inconveniente de que tiende a provocar una mayor inestabilidad de los gobiernos. Por este motivo, tras la segunda guerra mundial, y a partir sobre todo de la Ley Fundamental de Bonn de 1949, en algunos sistemas se va instaurando lo que se ha dado en llamar “parlamentarismo racionalizado”, que se caracteriza porque la responsabilidad política del Gobierno solo se puede exigir por vías tasadas, en particular la cuestión de confianza y la moción de censura. Y en particular, porque esta última pasa a ser una moción de censura “constructiva”, que implica no solo el acuerdo en derribar a un Gobierno, sino también en la formación del nuevo Gobierno, ya que el apoyo a la moción supone también el apoyo a la investidura del candidato alternativo. Es más fácil destruir que construir, y con este mecanismo, aunque se dificulta el derribar a un Gobierno, se evitan vacíos de poder o situaciones de inestabilidad. Es, en realidad, un procedimiento doble, simultáneamente de censura a un Gobierno y de investidura de un nuevo presidente.


            En la Constitución de 1978 se sigue muy de cerca esa “estela” de la Ley Fundamental de Bonn. La moción de censura es constructiva, y requiere el apoyo al nuevo candidato. Este apoyo implica un acuerdo de investidura, y cabe suponer que ha de implicar al menos unas coincidencias programáticas básicas. Mucho más si, más allá de lo que alguno ha llamado “moción instrumental” (cuyo objetivo sería únicamente convocar elecciones, y que no parece muy acorde con lo previsto en la Constitución), se trata de una moción que pretende formar un nuevo Gobierno, con un nuevo programa, por un tiempo indefinido. Si, como parece muy probable en el momento de escribir estas líneas, la moción en marcha en el Congreso va a triunfar, sin duda alguna el candidato se convertirá en el presidente legítimo, de acuerdo con las reglas del juego constitucional. Pero la falta prácticamente total de acuerdos programáticos con los independentistas y otras fuerzas que apoyan la moción, e incluso el dato sorprendente de que el candidato acepte y defienda los presupuestos que hace una semana rechazó su grupo y todos los que ahora le apoyan, hacen que esta moción carezca de programa y tenga muy poco de constructiva, pues no logra disimular el propósito destructivo que la ha inspirado, que es lo único que ha permitido que se pongan de acuerdo fuerzas tan dispares.

(Fuente de la imagen: http://www.antena3.com/noticias/espana/asi-funciona-mocion-censura-espana_201704275901d6070cf2461b6deb4f2c.html)