jueves, 21 de marzo de 2019

De madres, padres y progenitores

De madres, padres y progenitores



            En uno de estos recientes decretos leyes, que convierten la “extraordinaria y urgente necesidad” una situación habitual, se utiliza reiteradamente la expresión “progenitor diferente de la madre biológica”. Algunos han criticado esa expresión, creyendo que se trata simplemente de una de esas perífrasis a las que nos tiene tan acostumbrado el lenguaje jurídico, en este caso para referirse al padre, o de un simple abuso de ese lenguaje “neutro” tan pedante, absurdo e incoherente (como cuando la misma norma proclama que “las personas trabajadoras a tiempo parcial tendrán los mismos derechos que los trabajadores a tiempo completo”, ¿acaso excluyendo a “las trabajadoras a tiempo completo”?). También cabría pensar que se trata simplemente del primer paso en el cumplimiento del pronóstico que Huxley imagina en “Un mundo feliz”, que nos describe una situación en la que la sola utilización de palabras como “padre” o “madre” provocaba enorme vergüenza y rubor, porque remitía a los tiempos en los que la reproducción requería in acto sexual, y cada persona tenía un padre y una madre. Pero no. Me parece que no es nada de eso. Resulta, simplemente, que “progenitor diferente de la madre biológica” no es sinónimo de “padre” (si entendemos que “padre” queda reservado exclusivamente al progenitor varón, lo que merecería su propio debate, pero tiene sentido cuando se sitúa en la misma frase que “madre”, oponiéndose o mostrándose como alternativa de este término). Esa expresión hace referencia a una categoría algo más amplia, que engloba también a madres no biológicas, que en nuestra legislación pueden serlo por matrimonio y/o adopción. Desde que se aprobó la ley que reconocía el matrimonio entre personas del mismo sexo, una persona puede tener dos padres o dos madres, ya que cabe la adopción conjunta del matrimonio, o bien que la otra cónyuge se convierta en madre, por adopción individual  o automáticamente, dependiendo del momento, del hijo biológico de la otra madre (ya sea en el caso de un hijo previo, o en el de técnicas de reproducción asistida). En estos supuestos, el uso del término “progenitor” resulta lingüística y jurídicamente oportuno, aunque no exista vínculo biológico.   

            De momento, este es el supuesto legal en el que el progenitor distinto a la madre biológica no coincide con el padre. Pero es perfectamente posible que en el futuro haya más casos, y de hecho la ciencia ya permite imaginar otros supuestos en los que los “progenitores” no son “el padre y la madre”: la clonación reproductiva, la maternidad subrogada o la gestación por subrogación pueden ser algunos casos. Dicen que “madre no hay más que una”, que jurídicamente es la que da a luz; pero muy pronto la propia definición de “madre biológica” resultará problemática. Cabe imaginar un caso de gestación por subrogación en el que una madre aporta el óvulo (enucleado), otra la carga genética (a su vez puede ser un caso de clonación, o no), y otra lleva a cabo la gestación. Tres madres. Los romanos, siempre atentos a la observación de los acontecimientos y dispuestos a afrontarlos pragmáticamente, decían que “mater semper certa est” y “pater semper incertus”, asunto que resolvieron con la presunción de paternidad del marido: “pater vero is est quem nuptiae demonstrant”. Con estos parámetros hemos funcionado unos miles de años… pero creo que la cosa se acabó.   

(Fuente de la imagen: https://sinetiquetas.org/2015/04/20/espana-la-mayoria-de-parejas-homosexuales-son-excluidas-para-adoptar/ ).

miércoles, 13 de marzo de 2019

Magallanes-Elcano

Magallanes- Elcano



            1519 fue también el año del inicio de la primera circunnavegación al planeta, que como es sabido fue llevada a cabo por una expedición inicialmente capitaneada por Fernando de Magallanes, y culminada por Juan Sebastián Elcano. Fue, sin duda, una proeza descomunal, que duró más de tres años, al final de los cuales solo 18 de los 239 integrantes iniciales llegaron a Sevilla. Con esta expedición, que tuvo mucho más de exploración que de conquista -aunque no faltaran las batallas- se demostró empíricamente que la Tierra era redonda, y que era posible llegar a las Indias orientales navegando hacia occidente. Eso con independencia de que el objetivo inicial fuera o no completar la circunnavegación. Se descubrieron muchos lugares, comenzando por el buscado paso del Atlántico al Pacífico, a través del estrecho tan complejo para la navegación al que desde entonces se dio el nombre de Magallanes. Ello poco antes de iniciar una durísima travesía del Pacífico, y un no menos complejo regreso bordeando África, ya sin Magallanes, a quien mataron los indígenas en la batalla de Bactán (1521). 

Una gesta de tanta trascendencia, tanto por el valor de sus protagonistas como por su decisivo impacto sobre nuestra concepción del mundo, merece a mi juicio, en su quinto centenario, una conmemoración acorde con su significado. Sin embargo, no parece que esos sean los planes en España, a diferencia de Portugal, que ha buscado darle la máxima importancia y el reconocimiento de la UNESCO enfatizando el protagonismo portugués. Esto ha generado cierta polémica, que ha conllevado un claro informe de la Real Academia de la Historia destacando el inequívoco carácter español de la empresa, a lo que han respondido algunos historiadores portugueses minimizando el papel de Elcano, e incluso destacando el carácter más o menos “casual” de la circunnavegación. Desde luego, el indudable origen luso de Magallanes no es argumento que condicione el protagonismo español, ya que este navegante, que había españolizado ya su nombre y apellido, emprendió la travesía al servicio de la Corona española, tras ser rechazado en el país vecino; y, obviamente, la vuelta no podría haber sido completada sin el marino guipuzcoano Juan Sebastián Elcano. Portugal, más bien, trató en todo momento de obstaculizar la empresa. Pero sería absurdo y estéril perderse ahora en debates y polémicas con un país vecino y hermano, patria de tantos grandes navegantes y con el que compartimos tanta historia y cultura. Lo importante es que España, por su parte o con el país luso, apueste decididamente por potenciar las conmemoraciones que con toda justificación merece este acontecimiento trascendental.

(Fuente de la imagen: https://elpais.com/internacional/2019/01/22/mundo_global/1548161512_675363.html )

jueves, 7 de marzo de 2019

México 1519

México 1519



            Conmemorar no significa necesariamente celebrar, pero sí recordar hechos decisivos de nuestra historia que nos ayudan a entender lo que somos, y tal vez nos animan a profundizar en lo mejor, y a superar lo peor. Hay, en estos días, una corriente revisionista respecto a todo lo que tiene que ver con el descubrimiento y conquista de América, que, a mi modo de ver de forma sesgada, y a veces con manifiesto desprecio a la realidad histórica, pretende quedarse solo con una parte de los hechos, juzgar con valores del siglo XXI lo acaecido en los siglos XV y XVI, crear sin ningún fundamento histórico mitos de “buenos” y “malos”, y definitivamente borrar una parte esencial de lo que hoy es América. Es como si en España quisiéramos eliminar nuestro pasado musulmán o negar la profunda huella que este ha dejado en nuestra cultura. Probablemente sin llegar a eso, ciertos complejos o un entendimiento equivocado de lo que implica conmemorar han provocado que vaya a quedar bastante ignorado el quinto centenario de dos hechos trascendentales ocurridos en 1519, como son la llegada de Cortés al territorio de lo que hoy es México, y el inicio de la primera vuelta al mundo. 

            Centrándome hoy en lo primero, el 10 de febrero de 1519 Hernán Cortés abandonaba las costas de Cuba, llegando el 14 de marzo a la desembocadura del río Tabasco. Tras la batalla de Centla vino la fundación de las primeras ciudades: Santa María de la Victoria y de la Villa Rica de la Vera Cruz. Luego la quema (en realidad parece que “barrenado”) de las naves y el abandono de la costa. Tras la alianza con diversos pueblos indígenas enfrentados a Tenochtitlán, Cortés llegó y entró en la capital del imperio mexica, la primera vez recibido por Moctezuma, para más tarde, tras la huida posterior a la “noche triste”, conquistar por la fuerza (y destruir) la esplendorosa ciudad que había fascinado a los españoles. Con sus sombras y sus luces, se iniciaba así un largo período, que va más allá de la independencia y llega de algún modo hasta la actualidad, de historia compartida. Como dijo Miguel de la Quadra-Salcedo “hay que ser español desde América”, y desde luego es imposible entender nuestra historia moderna sin ese Nuevo Mundo, y México específicamente juega un papel crucial en nuestra cultura y vocación americana. Pero, a su vez, me parece que no se puede ser mexicano negando el trascendental elemento hispano. Sin duda, este elemento convive con la también esencial impronta indígena, conformando una cultura que se enriquece por su intrínseca mixtura. En este mundo globalizado, hemos de intentar siempre entender lo diferente; pero por la misma razón, sería bueno que intentemos entender la mentalidad y las circunstancias del pasado, no para juzgarlo con los valores del presente, sino precisamente para comprender lo que hoy somos, y reconocer lo más positivo de ese intenso vínculo hispano-mexicano. 

(Fuente de la imagen: https://es.wikipedia.org/wiki/Hernán_Cortés ). 

viernes, 1 de marzo de 2019

Libro homenaje a Luis López Guerra

Libro homenaje a Luis López Guerra 



            No suelo dedicar este espacio a comentar libros de carácter jurídico, pues soy consciente de que mis “miraderos” de dirigen a un público mucho más amplio y abierto. Pero toda regla tiene sus excepciones, y en este caso se justifica por dos motivos: primero, porque voy a referirme a un trabajo que creo tiene un interés y una utilidad que van más allá del ámbito jurídico; y en segundo lugar, porque la obra a la que me refiero homenajea a un gran maestro que, por su actividad, es conocido también más allá de este “mundillo” del derecho. La obra se titula “Comentario a la Constitución española. 40 aniversario 1978-2018. Libro-homenaje a Luis López Guerra”, y está dirigida por los profesores Pablo Pérez Tremps y Alejandro Saiz Arnaiz. Viene muy cuidadosamente editada por tirant lo blanch, en dos volúmenes. La especialidad de este trabajo, y lo que le da a mi juicio esa amplia utilidad, es que se trata de comentarios que van artículo por artículo, y en algunos casos incluso apartado por apartado. Y el comentario a cada artículo es breve, claro, básico pero riguroso, e incluye el “estado de la cuestión” doctrinal y jurisprudencial sobre la materia. Según mis conocimientos, el antecedente de una obra de estas características son los comentarios que, en dos ediciones separadas por más de una década, dirigió Óscar Alzaga, pero aquella era una obra -ya algo desactualizada- mucho más extensa, y por la misma razón acaso no tan práctica para quien quiera una aproximación básica. Por ello el libro que ahora comento, publicado a finales de 2018, es útil no solo para los constitucionalistas, y para cualquier otro jurista interesado en la Constitución (lo que debería ser equivalente a “cualquier jurista”, sin más), sino también para personas no especializadas en derecho pero que necesitan o simplemente quieren entender determinados aspectos básicos de nuestro sistema constitucional. 

            El segundo aspecto importante es que este trabajo es el homenaje que 170 juristas rendimos al profesor López Guerra con motivo de su jubilación. Homenaje en mi opinión muy justificado, ya que se trata de uno de los autores que más profusamente se ha dedicado al estudio de los más variados problemas de nuestra disciplina, desde los años 70 del siglo XX, convirtiéndose en uno de los más grandes maestros de su generación. Ha sido, además, magistrado y vicepresidente del Tribunal Constitucional, vocal y vicepresidente del Consejo General del Poder Judicial, diputado autonómico, secretario de Estado de Justicia, y juez del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, así que a pesar de que debo resumir por el poco espacio disponible, creo que el lector apreciará una trayectoria singularmente brillante y destacada. Además, el profesor mantiene una actividad académica importante. Me honra reconocer que yo he aprendido enormemente de esta gran figura del derecho, que además es gran persona y sin duda ha creado escuela.  

jueves, 21 de febrero de 2019

Mis poetas: Antonio Machado

Mis poetas: Antonio Machado



            No podía encontrar un mejor momento ni un mejor pretexto para iniciar esta serie (que será discontinua y alternada, como todas) dedicada a los poetas de mi vida. Hoy, 22 de febrero, hace exactamente 80 años de la muerte de Antonio Machado, en el exilio de Colliure, apenas un mes después de haber cruzado para siempre la frontera entre España y Francia, tres días antes de que falleciera su propia madre. Machado es sin duda uno de los poetas que más claramente ha marcado mi vida y mi afición por la poesía. Resulta que antes se hacía aprender a los alumnos poemas en la escuela (me temo que hoy esa costumbre se ha ido perdiendo), y ya en el preescolar (hoy Educación Infantil, para los más jóvenes) recuerdo haber memorizado “Sobre el olivar,/ se vio a la lechuza/ volar y volar…”. Luego, a lo largo de mi vida, he leído buena parte de sus poemas, y he memorizado no pocos, lo cual tiene la ventaja de que se pueden recordar, repasar y disfrutar en cualquier momento. Algunos nos los enseñaban en el colegio; otros, los aprendí por mi cuenta por gusto. Despedí la educación preuniversitaria realizando un trabajo extenso sobre el poeta, su biografía y su obra, junto a un compañero, en COU (el segundo de bachillerato de ahora). Y, desde luego, entonces y ahora, he cantado y canto con Serrat los poemas incluidos en ese álbum “Dedicado a Antonio Machado”.


            De un modo u otro, la biografía de Machado me ha acompañado, y más que aprenderla, he podido entenderla, y de algún modo sentirla a través de su poesía. Por poner solo un ejemplo, una cosa es saber que perdió a su jovencísima esposa Leonor Izquierdo, y otra cosa sentir el dolor de los versos “Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería/ oye otra vez, Dios mío, mi corazón clamar…”. A veces incluso me identifico en parte con algunos de los versos, como los de ese “Retrato”: “Ni un seductor Mañara,/ ni un Bradomín he sido/ -ya conocéis mi torpe aliño indumentario-/ mas recibí la flecha que me asignó Cupido/ y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario”. Por otro lado, siempre me ha gustado de Machado su manera de hacer poesía de lo intrascendente, para darle luego un toque profundo, como cuando canta a las “moscas vulgares”, o “Al olmo viejo”, pero termina con esos versos que claman por la salvación de su amada enferma: “Mi corazón espera/ también, hacia la luz y hacia la vida,/ otro milagro de la primavera”. En fin, cómo no destacar su carácter crítico y regeneracionista; confieso que a veces no puedo dejar de pensar que mantienen hoy actualidad sus versos sobre “las dos Españas”, o sobre la apatía o la ignorancia: “- Nuestro español bosteza./ ¿Es hambre? ¿sueño? ¿hastío?/ Doctor, ¿tendrá el estómago vacío?/ - El vacío es más bien en la cabeza”.

(Fuente de la imagen: “Antonio Machado retratado por Joaquín Sorolla (1918). Hispanic Society of America (Nueva York). Imagen tomada de https://es.wikipedia.org/wiki/Antonio_Machado )

jueves, 14 de febrero de 2019

Mil y pico apuntes sobre el amor

Mil y pico apuntes sobre el amor



            No sé hoy en día, pero cuando yo era “más joven” algunos teníamos la costumbre de anotar citas. Yo, en particular, apuntaba las que me gustaban en una carpeta, que todavía conservo. Pero lo que tiene mucho más mérito es que una persona de mi edad -imposible ocultarlo, porque estudiamos juntos- mantuviera esa afición durante muchos años; y no solo eso, sino que se haya dado a la tarea mucho más compleja de seleccionar, ordenar, sistematizar y clasificar muchas de esas citas, en concreto las que abordan el siempre apasionante e inagotable tema del amor. Pues bien, eso es exactamente lo que ha hecho Gema López del Pozo, logrando un libro delicioso e imprescindible, cuyo título es el que utilizo esta semana para este comentario. Es un libro publicado en régimen de impresión bajo demanda, y de él hay una edición especial que conmemora los 25 años de la primera promoción de licenciados en Derecho por la Universidad de Castilla-La Mancha en Toledo, evento al que en su día dediqué un “miradero”, del cual Gema ha tenida la idea -que agradezco- de tomar una cita para esa edición. He tenido, como a veces sucede, el libro en mi mesa unos meses hasta que he encontrado el momento de arrancar a leerlo, y desde ese momento lo he hecho en dos ratos, que sin duda han resultado muy agradables, sobre todo porque esta lectura me ha conducido, como cabe imaginar, a reflexionar sobre el amor en todas sus dimensiones, al tiempo que, inconscientemente, rebuscaba en el baúl de los recuerdos y revisaba mi vida entera hasta el momento actual, llegando a la conclusión de que no podría entender esa vida sin el amor. 

            En realidad, esos “mil y pico apuntes” son exactamente 1754 citas, de una gran cantidad de autores, desde San Pablo a Rabindranath Tagore, desde Ramón de Campoamor a Séneca, desde Bécquer a Kant, desde San Juan de la Cruz a… Gema López, que cuenta también con algunas hermosas participaciones. Todos estos textos se clasifican en 40 capítulos, que repasan la mayor parte de las dimensiones del amor, y por tanto incluyen el desamor, el odio, el dolor, la felicidad, la pasión, el placer, el amor a la patria, el amor platónico, el amor a Dios, el amor entre padres e hijos, la amistad… y un largo etcétera. No tendría sentido intentar aquí una selección; pero para no dejar al lector “con la miel en los labios” no me resisto a dar unas pocas muestras, como esta de Detouche: “La vida es un mal, pero el amor y la amistad son potentes anestésicos”, o esta de Gema López: “Si crees que ya no puedes dar más amor del que ofreces, es que ya no amas lo suficiente”. Porque, en palabras de Anne Morrow, “Solo el amor puede dividirse una y otra vez sin disminuir”; o, dicho por Tagore: “Quien camina una legua sin amor, se dirige a su propio funeral”. Puedo decir que, tras la lectura de este libro, me he sentido dichoso pensando en que indudablemente el privilegio de amar es lo mejor de esta vida.