jueves, 15 de noviembre de 2018

Guerra, crisis, nueva etapa

Guerra, crisis y nueva etapa



            Hace unos días, y con gran solemnidad, se conmemoraba en París el centenario de armisticio que puso fin a la primera guerra mundial. Está bien que estos acontecimientos se recuerden, con la perspectiva que da un siglo, pues de ahí se pueden extraer muchas enseñanzas. Las guerras, como de todos los hechos históricos, se pueden analizar desde muy diversas perspectivas, y en estos días no han faltado muestras de ello. A mí, como supondrán los lectores que me conocen y siguen, me interesa especialmente la visión jurídico-política. Con este enfoque, la primera guerra mundial supuso el fin de una etapa y el inicio de otra, que sin embargo solo muy costosamente logró abrirse camino, tras décadas de crisis y una segunda guerra, todavía más cruenta. Con la primera guerra mundial cayeron imperios, como el austrohúngaro, y el mapa de Europa se transformó profundamente. Pero además, en estas fechas, el modelo de Estado liberal que había nacido en la Revolución Francesa entraba ya en crisis profunda e irreversible. Lo que sucede es que, lamentablemente, las alternativas que en esa época surgieron al mismo condujeron a un callejón sin salida, a sistemas totalitarios y a la negación absoluta de los derechos que aquel Estado había aportado. Un año antes del fin de la primera guerra, la revolución rusa daba inicio a la implantación de un sistema totalitario de corte comunista. Y en la difícil Europa de entreguerras, pocos años después, y marcados por una profunda crisis económica, el continente contempló el auge del fascismo italiano y el nacionalsocialismo en Alemania, entre otros totalitarismos.

 
            Afortunadamente, de forma más o menos paralela, aquel Estado liberal en crisis se fue también “regenerando” para convertirse en un Estado social y democrático. Los constitucionalistas siempre citamos las Constituciones de México en 1917, Weimar en 1919 o España en 1931, antecedentes del auge del constitucionalismo social tras la segunda guerra mundial. Pero también habría que citar el “New Deal” de Roosevelt y el origen del llamado “Welfare State”. Fue así como, entre las cenizas de aquella guerra, surgió también el proceso por el que a los valores de separación de poderes y derechos humanos se les añadieron los principios social y democrático. Hoy, un siglo después, tratamos de salir de una dura crisis, que es la de ese Estado social, nunca del todo implantado, frente a la globalización. Pero si miramos atrás, también podemos estar algo satisfechos porque, aunque siempre frágil y nunca acabada, hemos construido una Europa (casi) sin fronteras y un mundo donde estos nuevos valores, aunque demasiadas veces ignorados o no del todo satisfechos, son un parámetro irrenunciable.

(Fuente de las imágenes: https://concepto.de/primera-guerra-mundial/ y https://elpais.com/elpais/2018/11/11/album/1541934126_810409.html )

jueves, 8 de noviembre de 2018

Alsasua

Alsasua


            En la mayor parte de los países del mundo, las banderas oficiales ondean normalmente en muchos edificios y espacios públicos, y también muchos ciudadanos las muestran con orgullo en lugares visibles. Pero ya sabemos que, por desgracia, España es en este punto un tanto peculiar, y en algunos lugares es casi una actividad de riesgo mostrar la bandera nacional; y en otros, incomprensiblemente, algunos opinan que la utilización de esa bandera constituye “apropiación” de los símbolos nacionales. Algo muy difícil de explicar, dado que de la bandera (o de objetos que incluyan la bandera) se pueden hacer todas las copias que se quieran, así que su uso por uno no impide el que lo usen los demás. Por poner un ejemplo, y aunque parezca un poco paradójico, en cualquier tienda “de los chinos” se puede conseguir casi cualquier bandera a precios muy accesibles. El caso es que, lamentablemente, ya no sorprende que algunos, en algunos lugares, se molesten porque otros convoquen actos con gran presencia de la bandera nacional, ni siquiera -como sucedió hace unos días en Alsasua-, cuando esta va acompañada de la bandera navarra y la de la Unión Europea. En esto de los símbolos, creo que la mejor opción es nunca imponer, nunca prohibir, y aunque en algunos casos cabría entender la prohibición de algunos símbolos en determinados espacios públicos, desde luego eso nunca afectaría a los símbolos oficiales. Si el acto tiene como objetivo principal defender a la guardia civil, precisamente en el lugar en que algunos miembros de este cuerpo han tenido que soportar, no hace mucho tiempo, agresiones, hay que admitir que no sorprende que a algunos les moleste.


            Pero en una sociedad democrática mínimamente sana, el que algo tan legítimo como el ejercicio respetuoso de las libertades de manifestación, ideológica y de expresión pueda molestar a algunos, no es, ni mucho menos, motivo para no hacerlo. Si a algunos les molesta, deben respetarlo, porque la libertad de expresión ampara incluso manifestaciones molestas para la mayoría como, en ciertos contextos, la quema de banderas. Dicho esto, tampoco hay que hacerse el sorprendido porque a algunos, a quienes molesta un acto como el celebrado en Alsasua, protesten, lo que podrían hacer legítimamente siempre que ello no implique boicotear o impedir el propio acto. Pero incluso que recurran a lo que no es legítimo, por desgracia ya tampoco nos sorprende. Que arrojen piedras los simpatizantes de los que antes disparaban balas o ponían bombas, entra dentro de lo que cabía imaginar. Que a la fuerza toquen las campanas para impedir que se escuche el discurso, es muy triste, pero no sorprendente en cierta gente. Llama, en cambio, más la atención el que un representante del partido que apoya al Gobierno de España, cuestione el acto y diga que en él participan quienes no tuvieron que hacer frente a ETA (basta mencionar la presencia de Fernando Savater para desmontar semejante ofensa a esta y otras victimas y personas amenazadas). Ahora bien, lo que supone algo absolutamente inesperado, es que todo un ministro del Gobierno, en lugar de defender inequívocamente y sin medias tintas a quienes ejercían sus derechos fundamentales frente a quienes violentamente trataron de impedirlo, sugiera que el acto era una provocación tendente a generar crispación. Que algún sector de la sociedad tenga una concepción tergiversada, retorcida y enfermiza de lo que se puede y no hacer, es un problema, pero no es fácil evitarlo. Pero que esa concepción se comparta desde el Gobierno, es mucho más que un síntoma: es la prueba de que algo muy grave está sucediendo aquí cuando el Gobierno sugiere que hay que aceptar que en algunos lugares de España, los españoles orgullosos de serlo deben callar y aceptar la imposición de quienes no solo no respetan los símbolos comunes, sino tampoco el ejercicio de los derechos fundamentales de los demás.

(Fuente de la imagen:  https://www.laopiniondezamora.es/multimedia/videos/nacional/2018-11-04-156527-tension-alsasua-acto-apoyo-guardia-civil.html)

miércoles, 31 de octubre de 2018

90 años de paradores

90 años de paradores




            En 1910, el Gobierno de Canalejas encomendó al marqués de la Vega Inclán el proyecto de crear una red pública de hoteles de calidad, que sirviera para ofrecer alojamiento a viajeros, al tiempo que ayudase a mejorar la imagen internacional de nuestro país y sus infraestructuras. El turismo todavía no existía como hoy, pero esa iniciativa contribuyó de algún modo a su desarrollo, y fructificó en 1928 con la apertura del primer parador, ubicado en la sierra de Gredos, en el emplazamiento que había elegido el propio rey Alfonso XIII, quien lo inauguró el 9 de octubre. Desde entonces, y con distinta intensidad según los momentos, la red no ha hecho sino ampliarse, hasta situarse actualmente algo por debajo de los cien establecimientos. Entre ellos hay muchas diferencias: encontramos castillos, palacios, conventos, o edificios de nueva construcción; establecimientos en el centro de localidades históricas, lejos del centro, pero con vistas espectaculares de este, o en plena naturaleza; de amplia capacidad o mucho más recogidos… Pero sí cabe identificar, de forma muy notoria, algunas ideas o “estilo común” de los paradores: establecimientos de calidad, confortables, que ofrecen al viajero tranquilidad, relajación, arte, cultura, o naturaleza. Y aunque el formato jurídico e institucional ha variado, hasta la gestión actual a través de una sociedad anónima, siempre se ha mantenido la garantía y la gestión pública, y de hecho la actual sociedad tiene como accionista único a la Dirección General de Patrimonio del Estado. Un modelo sin duda original, pero que ha permitido llevar a cabo una labor de conservación, rehabilitación, e incluso reconstrucción del patrimonio histórico, que muy difícilmente se habría podido acometer íntegramente desde el sector privado.

 

            Estoy aún algo lejos de haberme alojado, o al menos comido, en el casi centenar de paradores, pero reconozco que “completar” ese recorrido es una aspiración o deseo que poco a poco me gustaría ir completando. De los que conozco, ninguno me ha decepcionado, y en general me han permitido disfrutar al tiempo que ampliaba mis conocimientos sobre nuestra historia y nuestra cultura. Es bonito pensar que muchos de estos edificios fueron, como castillos, conventos, monasterios o palacios, testigos de los más variados acontecimientos. Y también que, en su moderna historia como paradores, han presenciado hechos de gran importancia. Por poner un solo ejemplo -que como constitucionalista no puedo omitir- el edificio que se inauguró en Gredos en 1928 albergó, medio siglo después, las reuniones de los siete ponentes para redactar el texto de nuestra vigente Constitución. Hoy una agradable sala con vistas a la sierra, bautizada como “salón de los ponentes” lo recuerda con una placa. Y no es nada difícil imaginar que la tranquilidad del lugar, así como algún que otro chuletón, judiones, y otros suculentos ejemplos de nuestra gastronomía, regados con buenos caldos de la zona, contribuirían sin duda a que se alcanzase el ejemplar consenso…

(Fuente de las imágenes:http://www.parador.es/es/blog/revistaparadores-85-aniversario-del-parador-de-gredos y archivo propio).

jueves, 25 de octubre de 2018

De leones, leonas… y otros

De leones, leonas… y otros




            Los emblemáticos leones que podemos encontrar flanqueando la entrada del Congreso de los Diputados, en la madrileña Carrera de San Jerónimo, tienen una historia curiosa. Aquí no procede que me detenga en ella, pero cabe al menos apuntar que son la tercera pareja de leones que se diseñó para este lugar, y que fueron obra del escultor Ponciano Ponzano, elaborados con el material de los cañones obtenidos en la batalla de Wad-Ras, en 1860. Llevan ahí desde 1865, y los madrileños –y todos los españoles- los han identificado con los capitanes Daoiz y Velarde, considerándolos un homenaje al valor de estos militares en los hechos del 2 de mayo de 1808, y por extensión un emblema de la fuerza y el coraje. Ahora me quiero detener en el hecho de que uno de ellos (el que mira a la izquierda, si nos situamos dejando la fachada del edificio a nuestra espalda) carece de testículos. La explicación de este hecho no está muy clara: tal vez se acabó el metal de los cañones, o la pieza se desprendió en algún momento. Tanto es así que en el año 2012 el Canal Historia inició una campaña para restituir los testículos al león.

 

            Pero hay también una segunda teoría que acaso explique mejor esta ausencia: puede que los leones sean los mismos que los que tiran del carro de la diosa Cibeles, representados no muy lejos en la famosa fuente madrileña. Según la mitología, Atalanta se casaría con el hombre que lograra vencerla en una carrera, lo que consiguió Hipómenes gracias a que Atalanta se agachaba a recoger unas manzanas encantadas que él tiraba, y que a su vez le regaló Afrodita. El caso es que la pareja, feliz y enamorada, hacía el amor en el templo de la diosa Cibeles cuando esta los descubrió, los convirtió en leones y los castigó a tirar eternamente de su carro, sin mirarse. Si los leones del Congreso son también, como los de la Cibeles, Hipómenes y Atalanta, está justificada la ausencia de testículos en esta. Por lo que he podido leer, no he logrado confirmar esta teoría; acaso algún amable lector pueda ofrecer información a favor o en contra. En cualquier caso, si el ejemplar sin testículos es Atalanta, sería una leona con melena, lo cual sería algo extraño… pero también se produce en la fuente de la Cibeles. Sea lo que sea, no hay que hacer ninguna campaña para corregir nada. Siempre explico que la democracia es la decisión de la mayoría, pero también el respeto a toda minoría. Por lo demás, para simbolizar el coraje no hace ninguna falta recurrir a la testosterona. León sin testículos, leona con melena, leónx… su presencia a las puertas de la sede de la soberanía popular desde hace más de siglo y medio es una silenciosa llamada a la tolerancia, la igualdad, y el respeto a la diferencia y la singularidad.