jueves, 15 de febrero de 2018

Covadonga 1918

Covadonga 1918







         El primer parque nacional de España, y uno de los primeros del mundo después de Yellowstone (1870) y Yosemite (1890), se declaró hace ahora un siglo. Fue el Parque Nacional de la Montaña de Covadonga (que en 1995 se extendería y cambiaría su nombre para comprender los tres macizos de los Picos de Europa). En este proceso fue decisiva la figura de don Pedro Pidal y Bernaldo de Quirós, marqués de Villaviciosa de Asturias, quien dos años antes había realizado una encendida defensa del conservacionismo en la tramitación de nuestra primera Ley de Parques en el Senado: “Un castillo, una torre, una muralla, un templo, un edificio, se declara Monumento Nacional para salvarlo de las destrucciones. ¿Y por qué un monte excepcionalmente pintoresco (…) no ha de ser declarado Parque Nacional para salvarlo de la ruina? ¿No hay santuarios para el arte? ¿Por qué no ha de haber santuarios para la Naturaleza?”. Don Pedro Pidal había sido, con Gregorio Pérez, “el cainejo”, la primera persona en alcanzar la cima del Naranjo de Bulnes. Y tanto amó estos maravillosos lugares, que quiso enterrarse allí, en Ordiales, bajo una roca en la que puede leerse su epitafio: “Enamorado del Parque Nacional de la Montaña de Covadonga, en él desearíamos vivir, morir y reposar eternamente, pero, esto último, en Ordiales, en el reino encantado de los rebecos y las águilas, allí donde conocí la felicidad de los Cielos y de la Tierra, allí donde pasé horas de admiración, emoción, ensueño y transporte inolvidables, allí donde adoré a Dios en sus obras como Supremo Artífice, allí donde la Naturaleza se me apareció verdaderamente como un templo”.


            Con la inauguración de nuestro primer parque nacional por el rey Alfonso XIII, comienza un siglo en el que esta máxima figura para la preservación de la naturaleza se ha extendido en España a quince lugares emblemáticos (a los que hay que añadir centenares de lugares que han merecido otras formas de reconocimiento). Su gestión ha planteado no pocos problemas y dificultades. Por ejemplo, Picos de Europa es el segundo parque más extenso, y su territorio se sitúa entre tres Comunidades Autónomas, incluyendo varias entidades de población. En todo caso, esta figura de protección ha sido sin duda positiva, no solo desde el punto de vista medioambiental, sino también turístico y económico. Pero lo más importante es el efecto de concienciación ciudadana sobre la necesidad de protección de estos enclaves frágiles que, siguiendo la metáfora de Pidal, todos deberíamos considerar auténticos santuarios. Y actuar en consecuencia.



miércoles, 7 de febrero de 2018

Cisneros

Cisneros


            Es, sin duda, una exposición imprescindible. De estas cuyo recuerdo permanecerá como una referencia cultural importante en nuestra ciudad. Como, en los últimos años, lo fueron “Carolus”, “Los arzobispos de Toledo y la Universidad española”, o desde luego las que estuvieron en la ciudad con motivo del llamado “año Greco”. En este caso, es el quinto centenario del fallecimiento del cardenal Cisneros el motivo que justifica la reunión de un importante conjunto de objetos, obras de arte y documentos que nos ayudan a entender la vida y la época de este personaje imprescindible en los inicios de nuestra Edad Moderna. “Arquetipo de virtudes, espero de prelados” es el subtítulo que trata de sintetizar la singular personalidad de este cardenal primado, que, entre los que en otros países europeos jugaron un esencial papel político, destaca por haber sido dos veces regente, y por tanto jefe del Estado. Y sin duda supo ser un hombre de Estado. Luchó por la unidad religiosa, que en aquel momento se concebía como un pilar fundamental de la unidad del naciente Estado, y que implicó la expulsión de los judíos (la exposición recoge el decreto de expulsión con la motivación de la medida). Adoptó con firmeza decisiones políticas relevantes, siempre en interés de continuidad y unidad del reino. Y sus regencias sirvieron precisamente para enlazar reinados en períodos delicados. Pero también fue un hombre profundamente religioso, notoriamente austero y humilde, y carente de ambición política. En realidad, ambicionaba más bien poderse retirar y abandonar esos difíciles deberes y responsabilidades. Algo que no consiguió, pues hasta el final de sus días tuvo que encargarse del reino, hasta entregarlo a su legítimo sucesor, el entonces rey Carlos, aunque Cisneros no vivió para ver su llegada al territorio español.




            La exposición nos ayuda a entender al hombre y su época, a través de numerosos objetos de indudable valor, procedentes de diversas iglesias, parroquias o museos. Por hacer una crítica, creo que el discurso expositivo, el hilo conductor, pasa algo desapercibido, a través de algunos carteles que marcan las fases, pero que no destacan a la vista. Tampoco existe la posibilidad de audioguías, y las visitas guiadas siempre implican una selección de algunos objetos y aspectos. Con todo, el excelente libro de la exposición, aunque no es barato, es completísimo e imprescindible. En todo caso, quedan pocos días y aconsejo que nadie se pierda este evento fundamental.   

miércoles, 31 de enero de 2018

¡Felicidades, Majestad!

¡Felicidades, Majestad!



            Majestad: permítame que me dirija a usted con cierta complicidad generacional, y disculpe si le hablo con ese tono de conocimiento que a veces usamos los profesores, aunque tal vez sea porque, aunque por solo diez días, puedo decir que soy algo mayor que el rey. De todos modos, no creo que necesite muchos consejos, porque desde el inicio de su reinado ha sabido demostrar un excelente criterio y un perfecto entendimiento de las situaciones. Pero es claro que, como su padre, no está teniendo un comienzo fácil. Un contexto de crisis económica, social y territorial no es, desde luego, el clima más favorable. Lo peor es que el problema no le afecta solo a usted y a la monarquía, sino a todas las instituciones, a nuestro entero sistema constitucional, y por supuesto a España como Estado y como nación. No sé si este reto es mayor, menor o similar que los que tuvo que afrontar el rey Juan Carlos al inicio de su reinado, pero me temo que hay alguna dificultad adicional para resolverlo, debido al hecho de que ahora, a diferencia de aquel momento, no hay un apoyo prácticamente unánime a la Corona, ni en las fuerzas políticas ni en la sociedad. A pesar de ello, sigue siendo una institución muy bien valorada, y los que la prefieren para España siempre han sido mayoría; una mayoría que se ha incrementado desde que usted encarna la institución.


            Y creo que ese fenómeno está plenamente justificado. Porque su compromiso con la defensa de la Corona y de España ha sido inequívoco desde su acceso al trono. En primer lugar, ha iniciado una clara labor de modernización de la monarquía, tarea que explicitó desde el primer discurso, y que se ha puesto en práctica en aspectos como la transparencia, la austeridad y la cercanía. En cuanto a la defensa de la Constitución y la unidad nacional, es obvio que no cabe esperar de la Corona lo que esta no puede ni debe hacer en un sistema de monarquía parlamentaria. Pero lo que ha hecho ha sido importante, por su claridad, su compromiso y su “auctoritas”. Y no es nada aventurado afirmar que su memorable discurso del 3 de octubre actuó como factor desencadenante para que muchas personas, en Cataluña, perdieran el temor a expresar su defensa de España, Europa y la Constitución. Tiene usted la cercanía de su padre y a elegancia de su madre, y en la reciente entrega del toisón de oro a la princesa de Asturias, lo demostró una vez más, con un emotivo y cercano discurso que logró combinar a la perfección su papel de rey, padre, y cómplice y apoyo de su hija. España tiene ya mucho que agradecerle. Siga siempre en esta línea de defensa de España y de la Constitución, dentro del papel que esta le da, que es de ninguna “potestas”, pero toda la “auctoritas” que usted logre. Su papel es tan importante, que después de este tipo de discursos, a los críticos solo les queda recordar que el acceso a la jefatura del Estado es vitalicio y hereditario. Como si la monarquía parlamentaria no fuera plenamente compatible con la democracia, como demuestra su pervivencia en algunas de las democracias más avanzadas del mundo. Como si, después de todo y para la España de hoy, esta monarquía no tuviera incluso algunas ventajas, como la neutralidad, el prestigio, y la capacidad de generar empatía, que usted sabe ganar cada día, y que difícilmente cabría imaginar en una persona vinculada a un partido político. Como si el rey tuviera algún poder político o fuera algo diferente a un símbolo, probablemente el más importante, de nuestros valores constitucionales. Como si, en suma, la monarquía parlamentaria no hubiera sido refrendada por el pueblo soberano en la propia Constitución, sin que las fuerzas que proponen su supresión hayan sido nunca mayoritarias en estas cuatro décadas. Majestad, usted lo sabe perfectamente: ninguna monarquía puede ser más racional que la República. Y en la monarquía parlamentaria, el rey lo es “por la gracia de la Constitución”, y en definitiva por voluntad del pueblo soberano, que en cualquier momento puede establecer una República, si la monarquía deja de ser útil. Pero no todo es racional, y cada país debe encontrar la forma de gobierno que mejor represente su esencia y su historia, en el momento presente. Por su carácter simbólico, un rey puede ser el mejor catalizador del sentimiento constitucional, y usted, que se preparó para ello casi desde su nacimiento, ha hecho con sus palabras y con sus obras mucho más que ninguna justificación racional por generar ese sentimiento de identificación, de unidad, y de orgullo (aunque sea un orgullo crítico y reformista) por pertenecer a esta España constitucional. Muchas felicidades.

(Fuente de la imagen: https://elcomercio.pe/mundo/actualidad/espana-rey-felipe-vi-celebra-50-anos-condecorando-heredera-video-noticia-493181)