domingo, 28 de mayo de 2023

Inquietante tendencia

 

Inquietante tendencia




            En un Estado de derecho es fundamental que cada uno de los poderes cumpla sus funciones, pero también que no se exceda de ellas. En nuestros sistemas, no parece exagerado afirmar que la jurisdicción constitucional (en nuestro caso el Tribunal Constitucional) es un “cuarto poder”, pues ni orgánica ni funcionalmente se confunde con el poder judicial, aunque comparte con este el fundamental dato de que su actuación ha de regirse por criterios jurisdiccionales. En términos generales, y acaso algo metafóricos, se puede decir que el Tribunal Constitucional es un delegado del poder constituyente para controlar la adecuación de los demás poderes a las pautas dadas por aquel. En cambio, creo que sería exagerado, al menos en términos del “deber ser”, considerarlo una especie de “poder constituyente permanente”, pues si ostentase tal condición no estaría, él mismo, sometido al propio poder constituyente. Si lo que se quiere es cambiar la Constitución, o añadir a esta algo que claramente no dice, la vía adecuada es la reforma, que es la que corresponde a ese poder llamado “poder constituyente constituido” o poder de revisión constitucional. El Tribunal Constitucional puede incluso producir (o acaso constatar que se ha dado) ese supuesto llamado “mutación constitucional”, pero para que eso sea legítimo debe seguir ciertas pautas, pues de lo contrario estaríamos ante un quebrantamiento constitucional, o como mínimo una reforma implícita de la Constitución, y eso -obvio es decirlo- es ilegítimo.  

 

            Vienen estas reflexiones al caso por la polémica que han generado las recientes sentencias del Tribunal Constitucional español sobre la eutanasia y el aborto. En ambos supuestos -y a diferencia de lo que sucedió en su día con la sentencia sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo- el Tribunal sobrepasa su función de valoración de la constitucionalidad de las correspondientes leyes, para argumentar que lo que estas establecen está en realidad en la propia Constitución. No serían meramente leyes que caben dentro del marco constitucional, sino que, en cierto modo, estarían ejecutando o desarrollando un mandato constitucional, en cuanto que existiría un derecho fundamental a la eutanasia, y otro a la interrupción del embarazo durante las primeras 14 semanas. Tiempo habrá de comentar más detenidamente ambas decisiones, pero ahora puedo apuntar que ninguna de ellas cumple con lo que creo que son los parámetros mínimos exigibles para “crear” un nuevo derecho fundamental no explicitado en la Constitución: 1) la fundamentación es endeble, como si lo derechos que se proclaman fueran algo así como un “derecho natural”, o la mera conexión más o menos remota con dos o tres fundamentos genéricos fuera suficiente; 2) se ignoran o soslayan los precedentes del propio Tribunal en una línea anterior, lo que es una falta de respeto para la propia institución: incluso para separarse de ellos haría falta una argumentación específica; 3) se interpreta la Constitución de conformidad con la ley, cuando debería ser al revés; 4) convertirían en inconstitucionales las regulaciones legales anteriores, por vulneración de ese derecho fundamental, o al menos desde el momento (que no sería fácil precisar) en que ese derecho pudiera entenderse existente…; 5) los “nuevos derechos” están lejos de reflejar un consenso social que los haría más pacíficos (más allá del que refleja la mayoría que conllevó a su aprobación legal). Con todo esto, se cercenan las opciones que, como consecuencia del pluralismo político, debería tener el legislador futuro, y el propio Tribunal Constitucional se convierte en poder constituyente, excediéndose en sus funciones. Siempre digo que los dos extremos peores en la justicia constitucional son la inactividad derivada de la politización, y el activismo que no respeta la posición de los demás poderes. Me temo que estos ejemplos combinan del peor modo ambos extremos, pues el Tribunal, sin separarse un ápice de la mayoría política del momento, se muestra activista invadiendo la posición del constituyente, así como la del legislador futuro.


(Fuente de la imagen: https://www.elconfidencial.com/espana/2023-02-08/magistrados-progresistas-ley-aborto-zapatero_3572056/ )

miércoles, 17 de mayo de 2023

Elecciones e imagen

Elecciones e imagen





            Siendo como soy “aficionado” al Derecho Electoral, y por otro lado a la fotografía, comprenderán los lectores que me llamen la atención los carteles electorales que estos días inundan nuestras ciudades, y que con pocas excepciones muestran a candidatas y candidatos bastante más jóvenes de lo que son, desprovistos de cualquier defecto físico, y en definitiva dotados de una belleza artificial y un tanto ridícula. Desde luego, sé perfectamente que las posibilidades de edición de cualquier fotografía son ilimitadas, hasta el punto de que entre fotógrafos se discute a veces sobre los difusos límites entre “revelado”, “edición” o directamente, “manipulación”. Por supuesto, no hay reglas jurídicas que impidan la utilización de cualquiera de estas tres categorías en los carteles electorales, pero esta tendencia carente de excepciones hacia la idealización física de los candidatos electorales no deja de plantearme inquietudes. Es verdad que cualquier experto, teniendo en cuenta pautas que van desde la iluminación y la toma hasta el postprocesado, puede -por decirlo de forma muy simple aunque también discutible- mostrar al más feo como guapo, o al más viejo como joven. Sin embargo, me parece que eso no tiene demasiado sentido. Por un lado, resulta un ridículo intento de engaño cuando el espectador conoce personalmente a la persona retratada, lo cual es mucho más probable en elecciones autonómicas y locales; pero incluso aunque no se dé ese conocimiento personal, seguro que se ha visto al candidato en televisión o en otros contextos y se aprecia la exageración estética. No solo para retratos he aprendido que si hay tres reglas esenciales en la edición de fotos -aunque puedan tener sus excepciones- son simplicidad, sutileza y sectorialidad (es decir, editar por sectores o zonas y no globalmente), y no me parece que se cumplan en estos casos. 

            Desde luego, no hay que culpar a los profesionales de la fotografía, que seguramente hacen excelentemente su trabajo, según les encomiendan los responsables de campaña o los asesores de los candidatos. Así que me pregunto, por un lado, en qué medida los propios candidatos se sienten a gusto contemplando su imagen ficticia e irreal por todas nuestras calles. Y, por otro, qué mensaje quiere transmitir alguien con ese tipo de imágenes, como si una perfección irreal y artificial en lo estético y una eterna juventud se correspondieran con la perfección irreal en lo político -e incluso en lo moral- que todo político desearía reflejar. Por supuesto, la última gran pregunta sería: ¿de verdad tiene esto eficacia de cara al voto de los electores? Me gustaría pensar que no, que nos da exactamente igual un candidato con arrugas, defectos, y que representa la edad que tiene, siempre que nos interesen su programa y sus propuestas. Pero ¿quién sabe?


(Fuente de las imágenes: https://pozuelodigital.es/pozuelo-arranca-la-campana-electoral-a-las-municipales-y-autonomicas-con-la-tradicional-pegada-de-carteles/ y https://periodicoclm.publico.es/2023/05/11/28m-encuesta-cis-pone-castilla-mancha-manos-garcia-page-psoe-bien-repitiendo-mayoria-absoluta-acuerdo-unidas-podemos/ )

sábado, 6 de mayo de 2023

Pornografía y Constitución

Pornografía y Constitución




 

            Hace algunos años puede visitar, con poca diferencia de tiempo, la colegiata románica de Cervatos, en Cantabria, y los templos de Khajuraho, en la India. Ambos edificios, que seguramente fueron creados en épocas no muy diferentes, son exponentes de lo que podríamos denominar “arte erótico”, si bien el contexto y el mensaje es muy diferente. La citada colegiata es uno de los mejores exponentes de lo que se ha dado en llamar “románico erótico”, y su exterior está lleno de figuras que representan actos y órganos sexuales, probablemente con el propósito de mostrar los efectos del pecado o la desobediencia al mandato divino, o las tentaciones carnales a las que el ser humano está sometido. En cambio, en los impresionantes templos de Khajuraho pueden contemplarse todo tipo de esculturas en las que son los propios dioses quienes se muestran disfrutando en todo tipo de combinaciones de grupos y en las más variadas posturas eróticas, transmitiendo un mensaje no crítico, sino positivo y acaso modélico sobre esas actitudes sexuales. En definitiva son solo algunos ejemplos de las muchas expresiones en las que, a lo largo de la historia, el erotismo y la pornografía -cuya distinción ya de por sí es objeto de complejos debates- han sido objeto de las más variadas expresiones artísticas.

 



            Acaso en esta cuestión hay también modas y tendencias, y puede que en los últimos tiempos domine un cierto revisionismo crítico con la pornografía, a la que se culpa a veces de cosificación de la mujer, o incluso de ser causa o al menos elemento que fomenta o incentiva las agresiones sexuales. También hay que reconocer, desde luego, que la pornografía principalmente consumida y accesible de forma casi universal hoy en día parece distanciarse de aquellas creaciones artísticas que, con un mensaje u otro -y muchas veces con un mensaje evidente de provocación o ruptura con los valores dominantes- han sido objeto de tantas creaciones artísticas. En todo caso, con mejor o peor gusto, cuando la pornografía es creada libremente por y para adultos creo que debe prevalecer el principio de libertad que es uno de los valores superiores de cualquier ordenamiento basado en los derechos. Problema muy diferente es el daño que puede hacer a menores en edades cada vez más tempranas el consumo indiscriminado de determinados productos pornográficos que pueden producir confusiones y efectos perversos, sobre todo cuando se convierten en el principal factor de formación sexual. En fin, con estas pinceladas doy mi opinión sobre esta cuestión que la Universidad de Castilla-La Mancha va a abordar en profundidad en un curso de verano en Cuenca, titulado “pornografía y derechos”, dirigido por Ana Valero, y que no puedo sino recomendar enfáticamente.




viernes, 28 de abril de 2023

Haciendo escuela

Hacer escuela





 

            Ya he escrito en una ocasión sobre lo que significan, en el ámbito académico y universitario, los términos “maestro” y “discípulo”, y por qué me gustan, más que ningún otro, para definir esa relación tan especial que suele originarse cuando se dirige una tesis y se orienta a una persona joven en los inicios de la vida académica, que sin lugar a dudas forma parte de la vida que quienes consideramos esta actividad (o al menos esta parte de nuestra actividad) no como un trabajo, sino como una vocación. Y así como probablemente nada hay más importante que los hijos en la vida, tampoco hay nada más importante que los discípulos en la vida académica. Con el paso de los años, estos discípulos son cada vez más numerosos, y uno quiere creer que, a pesar de sus diferencias en el objeto de sus investigaciones y en sus posicionamientos en muy diversas cuestiones, hay desde luego pautas comunes, seguramente más vinculadas a aspectos metodológicos y a actitudes relativas a la manera de afrontar el conocimiento, el aprendizaje y la investigación. Pero lo que es incuestionable es que surgen vínculos, personales y académicos, no solo entre el maestro y los discípulos, sino también entre todos ellos, dando lugar a comunidades académicas que tradicionalmente se han llamado “escuelas”. 

 

            Más o menos coherentes, cohesionadas o unidas, las escuelas existen, y tienen el indudable aspecto positivo de contribuir al desarrollo de la ciencia, pero además permiten crear y mantener esos vínculos. Recientemente he tenido el privilegio de coincidir en el mismo evento con más de una decena de mis discípulos. Son solo una parte, pero creo que ha sido el encuentro conjunto más amplio de cuantos he tenido, ya que cada uno de ellos procede de un lugar diferente y vino a Toledo a hacer su tesis en momentos diferentes, de manera que algunos de ellos ni siquiera se conocían personalmente entre sí. El encuentro se ha producido por la común participación en un importante foro académico internacional, pero al margen del evento he podido decirles, y lo digo ahora públicamente, lo importantes que han sido y son en mi vida; he podido transmitirles (aunque eso ya lo hice al dirigir sus tesis) las pautas y enseñanzas que yo recibí de mi maestro, Eduardo Espín Templado, quien fue realmente el creador de esa escuela. Y también les he dicho que, aunque sé que los éxitos que tienen y tendrán en su vida académica son solo consecuencia de sus méritos y esfuerzos, sin ninguna duda yo me siento muy orgulloso de ellos. He recibido ya mucho más de lo que yo haya podido dar, y eso es la mayor satisfacción, y el mayor motivo de agradecimiento hacia todos ellos. Si Dios me da vida y salud, me gustaría ver cómo la que ya han dado en llamar “escuela de Toledo” crece y se desarrolla, y cómo se fortalecen también los vínculos entre todos ellos.  

Ciudades de España: Granada

Ciudades de España: Granada




 

            Si tengo que elegir cinco ciudades españolas, seguro que incluyo Granada. Si tengo que elegir tres, también. Si solo pudiera elegir una… no sabría. Pero sin duda Granada es una de las ciudades más completas y fascinantes de toda la península. A los pies de la sierra que incluye el pico más elevado de toda la península, y a pocos kilómetros de la costa más tropical de la Europa continental, su emplazamiento es privilegiado y sirve de marco impresionante a sus espectaculares monumentos. Tiene además esos dos ríos que, según el poeta, bajan de la nieve al trigo, y sobre todo ese Darro cuyo recorrido nos permite disfrutar de una de las vistas más espectaculares, justamente al pie de la Alhambra. Porque en Granada todo es historia: es acaso la ciudad -con permiso de Córdoba- con una huella islámica más profunda de España, y no en vano fue casi el último territorio (solo antes de Navarra) en incorporarse a la Corona. Pero fue también la ciudad a la que más quiso la reina Isabel, el territorio más ansiado por los Reyes Católicos y el que centró durante años todos sus esfuerzos, hasta el punto de que decidieron cambiar su decisión de que sus restos descansaran en esa iglesia en gótico tardío que a tal efecto habían construido en nuestra ciudad de Toledo (San Juan de los Reyes), para que estos quedasen en la catedral de Granada, donde todavía podemos ver sus impresionantes sepulcros. 

 

            Por supuesto, Granada es por encima de todo la Alhambra, y también el Generalife. Digan lo que digan las encuestas o las votaciones, estos palacios nazaríes son una de las maravillas de nuestro mundo, y no están por debajo de varias de las que fueron en su día oficialmente declaradas como tales (y lo dice quien ha visto ya casi todas), y jamás dejan de sorprender por su belleza, su finura, su elegancia y su privilegiada ubicación. Nadie debería morir sin verlos, admirarlos y disfrutarlos, cosa que, por lo demás, es bueno hacer tantas veces como se pueda. Pero más allá de su visita obligada, su presencia es definitoria de la ciudad, y su vista puede disfrutarse desde muchos lugares. En cualquier caso, Granada puede y debe disfrutarse también callejeando por algunos de sus barrios más emblemáticos, y entre ellos hay que destacar el Albaicín y el Sacromonte, con sus calles estrechas tan características, con sus inconfundibles casas, con su ambiente único y, desde muchos lugares, las vistas de los palacios. Ahí veces que paseo por Granada y, sin planearlo especialmente, acabo en el Albaicín, o tal vez en el impresionante mirador de San Nicolás, disfrutando de las vistas y, con un poco de suerte, de los cantos improvisados de algunos al son de la guitarra. Granada es insuperable.

No todo es un derecho fundamental

No todo es un derecho fundamental

 


            Siempre he sido partidario de la necesidad de una interpretación evolutiva a través de la cual los tribunales (y en especial los tribunales constitucionales) adecuen la Constitución a las cambiantes circunstancias sociales y culturales. Solo así se puede mantener una “Constitución viva”, ya que esta norma tampoco puede reformarse continuamente. Pero todo tiene sus límites, y entre otros, el de que el Tribunal Constitucional ha de saber cuál es su papel, que puede ser el de interpretar y desarrollar la Constitución, pero no el de crear derechos que no existen o no derivan claramente de los existentes. Particularmente, en temas controvertidos, de gran trascendencia moral y en los que la sociedad se divide, es más prudente dejar un margen al legislador. Y claro está que eso pasará por respetar, salvo que sea abiertamente inconstitucional, la regulación derivada de la voluntad mayoritaria que representa al pueblo, pero no por convertirla en un derecho fundamental, sobre todo cuando no hay un consenso claro sobre el hecho de que tal derecho tenga un inequívoco fundamento constitucional. 

            Esto es independiente de lo que se piense sobre las cuestiones de fondo en grandes temas como aborto, eutanasia, matrimonio entre personas del mismo sexo y otros. Con un criterio razonable, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos suele aplicar en estas cuestiones el “margen de apreciación nacional”, que implica respetar las regulaciones diferentes en estos temas de los distintos Estados, al menos hasta que aprecia un consenso claro en ellos. Otros tribunales a veces han sido más audaces o activistas en la creación de derechos, pero en ocasiones han rectificado mucho más tarde. Es el caso del Tribunal Supremo de Estados Unidos sobre el aborto, considerado derecho constitucional durante los primeros seis meses del embarazo en Roe v. Wade (1973), decisión que décadas más tarde ha sido considerada profundamente errónea (Dobbs v. Jackson, 2022), no porque no pueda reconocerse tal derecho, sino porque no deriva la Constitución. El Tribunal Constitucional español parecía haberse situado claramente en la línea de la deferencia, respetuosa (con matices) con la decisión del legislador sobre el aborto en 1985, o sobre el matrimonio homosexual en 2012 (con una interpretación evolutiva que, sin embargo, difícilmente podría haber realizado en 2005). Es pronto para decirlo, pero quizá esa línea empieza a romperse con la sentencia sobre la eutanasia, y veremos qué dice sobre el aborto. Porque una cosa es convalidar la regulación legal, y otra muy diferente imponerla como la auténtica o correcta interpretación constitucional. Volveremos sobre esto.


(Fuente de la imagen: https://sites.google.com/site/losderechoshumanosdsvv/derechos-fundamentales)

martes, 28 de marzo de 2023

Vuelven los congresos

Vuelven los congresos

 




         Debería decir, con más precisión, que vuelven los congresos (y seminarios, encuentros, jornadas y eventos académicos variados) presenciales y masivos, porque primero por la pandemia, y luego por cierta tendencia a la bimodalidad o a mantener el formato on line, durante un tiempo hemos tenido menos posibilidades de experimentar las incuestionables ventajas de la presencialidad física. Y, qué quieren que les diga, dónde va a parar. Los eventos presenciales tienen ventajas indudables, empezando, claro está, por la posibilidad de comer y beber (según los casos, incluso gratis, e incluso dignamente, aunque con frecuencia hay que esforzarse, sobre todo si se trata de un cóctel, por estar atento y no perder bocado…). Pero es que además, donde esté el trato personal, que se quite todo lo demás. Puedo decir -aunque no puedo contarlas, porque deberán permanecer en secreto- que algunas de las mejores anécdotas y enseñanzas que he aprendido de los grandes maestros no se han producido al escuchar su conferencia, sino comiendo con ellos. Es ahí cuando a veces se cuentan verdaderas curiosidades que pocas veces se dicen en una conferencia, y mucho menos en las videoconferencias grabadas. Hay a veces motivos en el derecho que explican muchas cosas, más que las razones explícitas… y hasta ahí puedo leer.

 

            Pero, además la presencialidad tiene tantas otras ventajas. Como la de tocarnos, abrazarnos, darnos la mano y besarnos, lo que, aun con los virus incluidos que libremente circulan, es siempre una experiencia que necesitamos los humanos. O la de disfrutar de situaciones como la de ver cómo se abrazan, e incluso se elogian de forma entusiasta, personas que sabes positivamente que no se soportan o se odian. O presenciar cómo alguien elogia una ponencia… que prácticamente no ha escuchado, porque ha llegado casi al final. En realidad, para no pocos los propósitos que se persiguen con asistir a un congreso van desde los lúdico recreativos y gastronómicos, comenzando por el turismo más o menos cultural, hasta otros más vinculados con ambiciones profesionales (negociar, hacer tratos, invitar o ser invitado a posteriores congresos o conferencias entrando así es una dinámica de la que es difícil salir… o simplemente darse a conocer). Y en fin, tampoco hay que descartar que, junto a todo esto, alguien vaya a aportar y/o aprender algo de sustancia en algún congreso. Hay quien, por diversos motivos, no quiere asistir a congresos, pero estos son no dejan de ser bazares del conocimiento, grandes almacenes para el intercambio de ideas -más o menos provechosas- y sobre todo, escaparates de todos los caracteres de la condición humana, para lo bueno y para lo malo. 

 

(Fuente de la imagen:  https://eurocongres.es/blog/organizador-profesional-de-congresos-opc/ )