jueves, 21 de septiembre de 2023

La magia del instante de luz

 

La magia del instante de luz

 



            Ahora que la inteligencia artificial es capaz de escribir un libro o de crear cualquier imagen de apariencia más o menos real o de pura imaginación, surgen los debates sobre muchas cuestiones que nos hacen dudar de las fronteras de lo humano. En fotografía, la aplicación de técnicas de inteligencia artificial nos hace dudar de a partir de qué punto deberíamos dejar de llamar fotografía a una concreta creación. El problema no es solo la cuestión de la autoría (a partir de cierto momento el ser humano deja de ser protagonista en la creación y ejecución de ciertas creaciones), sino sobre todo un principio físico que es definitorio de la fotografía: y es que esta es la plasmación gráfica de un momento de luz. Esta luz puede plasmarse en un carrete o en un sensor, y luego ser representada en papel o en un archivo visible en dispositivos digitales, pero el principio debe ser siempre el mismo.





Y este principio simple, presente desde los daguerrotipos a las actuales cámaras “sin espejo”, convierte a la fotografía en una manifestación única de la creación humana. Es, desde luego, ciencia o tecnología, sin la cual no sería posible; es también un arte único, relacionado con la pintura en lo relativo a composición, o con el vídeo o el cine en lo que atañe a la plasmación de imágenes, pero siempre exclusivo e inconfundible, precisamente porque es el único que consiste en la plasmación de un momento de luz en una imagen. El momento puede ser estrictamente un instante, por ejemplo la octava parte de una milésima de segundo para captar cada una de las gotas de un torrente de agua mientras cae, o el efímero lapso de tiempo en el que un ave toca el agua cuando desciende vertiginosamente desde un árbol para pescar; pero también puede ser un lapso de horas en una fotografía circumpolar, que “congela” en una sola imagen lo sucedido durante todo ese tiempo; o incluso días en determinadas astrofotografías. Y ese momento, por definición efímero e irrepetible, pasa gracias al prodigio de la fotografía a ser eterno, lo que nos permite de alguna manera volver a nuestra infancia o juventud, o incluso disfrutar de la presencia de nuestros familiares y seres queridos que ya no nos acompañan físicamente, pero lo siguen haciendo no solo en espíritu, sino también a través de aquella imagen que hace años captó su presencia y nos la devuelve todos los días desde un portarretratos…De alguna manera la fotografía es así una “máquina del tiempo” que nos permite volver al pasado, que en realidad nos devuelve, por definición, a un momento pasado, más o menos largo, pero que se plasma en una única imagen. El ser humano aprovecha así la tecnología para hacer una creación propia, personal y única, en parte ciencia, en parte arte, pero sobre todo magia.    

jueves, 14 de septiembre de 2023

Expo selección 2022-23

 

Expo selección 2022-23

 



            Los toledanos más aficionados a la fotografía conocen sin duda la labor de la Asociación Fotográfica de Toledo (AFT), que desde 2009 viene desarrollando diversas actividades de gran interés y alcance. Entre ellas, diversos premios, exposiciones, proyectos como “Toledo como nunca antes se había fotografiado”, el Photowalk, la “Quedada analógica” (entre otros encuentros periódicos), y no pocos talleres sobre los más variados aspectos de la fotografía. Me parece que, teniendo en cuenta la imaginable escasez de medios con la que cuenta una asociación de este tipo, la labor que lleva a cabo es sencillamente impresionante. Desde luego, sería mayor si otros muchos aficionados a la fotografía vinculados a nuestra provincia se inscribieran en este grupo, lo que a buen seguro les reportaría beneficios importantes en su progreso como fotógrafos, y digo esto basándome en mi experiencia personal, ya que la pertenencia a esta asociación -obviamente acompañada de la participación en sus foros y en algunos de sus eventos- ha desempeñado un papel fundamental en mi formación como fotógrafo, aunque obviamente sigo siendo, en esto como en todo, un mero y permanente aprendiz. Por supuesto, además de este aspecto formativo está el siempre interesante del conocimiento de profesionales y en general de personas que comparten afición, y la grata experiencia de la convivencia con ellas en los eventos organizados por la AFT.


            Si bien algunas de las actividades mencionadas van dirigidas a los socios, otras son abiertas, y de hecho están pensadas para dar a conocer a la sociedad parte del trabajo de la Asociación. Una de ellas es la Exposición anual, que recoge todas las fotografías que han obtenido el premio a la “Fotografía de la Semana”, así como las ganadoras de los retos mensuales. Precisamente en estas fechas se exponen casi cien fotografías en el excelente espacio que brinda el Centro Cultural San Clemente, en la plaza de Padilla de la capital regional, y gracias a la colaboración de la Diputación de Toledo. Las tomas abordan prácticamente todos los géneros fotográficos, desde el paisaje a la fauna, desde la fotografía urbana hasta la astrofotografía, desde la fotografía nocturna al retrato, además de los temas específicos de los retos mensuales, propuestos según las reglas de la AFT. Creo que no solo los aficionados a la fotografía, sino también cualquiera con inquietudes artísticas, podrán disfrutar de esta exposición, que es un lujo en estos tiempos donde nos limitamos a ver la mayoría de las fotos en la pequeña pantalla de un móvil. Y además es gratuita, así que aprovechen hasta el día 29.


(Fuente de las imágenes: https://www.afotoledo.com/noticias/item/expo-seleccion-2023-en-el-cc-san-clemente-toledo.html y https://afotoledo.com/foro/83-galeria-de-fotos/106631-expo-seleccion-2022-2023-las-fotos.html

jueves, 7 de septiembre de 2023

Gracias por corregirme

 

Gracias por corregirme

 


            Ya he escrito alguna vez que siempre he pensado que la labor de los profesores consiste en buena medida en la práctica de algunas de las llamadas “obras de misericordia espirituales”, y en especial “enseñar al que no sabe”, “dar buen consejo al que lo necesita” y “corregir al que yerra”, aunque también toca a veces “consolar al triste”, y desde luego, siempre “sufrir con paciencia los defectos del prójimo”. Claro es que estas son buenas prácticas que a todos toca llevar a cabo en alguna ocasión, pero no me negarán que quienes nos dedicamos a la docencia tenemos como cometido principal la primera de las citadas, y nuestra labor se relaciona también bastante con las demás. Hoy quiero centrarme en eso de “corregir al que yerra”, que bien entendido es, por tanto, una muestra de caridad y de amor al prójimo. A quien se le corrige justificada y moderadamente se le está ayudando a mejorar, a no volver a incurrir en el error, y no olvidemos que “errare humanum est, sed stultorum in errore perseverare”.

 

            Sin embargo, aunque tal vez sea una percepción subjetiva, me da la sensación de que cada vez mostramos menos tolerancia ante la corrección, venga de quien venga, e incluso si procede de quien tiene esencialmente la función de corregir. Por supuesto, tengo plenamente asumido que están felizmente superados los tiempos de “la letra con sangre entra”, y que todo funciona mejor cuando se utiliza el llamado “refuerzo positivo”, enfatizando mucho más lo que se hace bien que aquello en lo que alguien se equivoca. Pero a veces no queda otra opción que corregir, eso sí mostrando la opción correcta. También sé que vivimos tiempos de relativismo, y yo mismo me considero “relativamente relativista”, y además me dedico a un sector de la ciencia (el Derecho Constitucional) en el que cada vez más parece que todo puede ser opinable. Pero se mire como se mire, hay siempre algunos elementos objetivos, datos incuestionables, verdades que hay que conocer. No todo vale, e incluso en lo que resulta opinable, hay ciertos parámetros y pautas metodológicas para el debate. Ya decía Machado aquello de “¿Tu verdad? No, la Verdad. Y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela”. Yo no sé hasta qué punto esa Verdad existe, pero creo que he aprendido a aprender mientras enseño, y eso implica reconocer cuando he estado equivocado, y agradecer a quien me ha hecho verlo. Y eso vale también para cuando estoy ejerciendo mi función docente. Siempre se enseña y siempre se aprende algo, pero hace falta tener una actitud receptiva.


(Fuente de la imagen: https://elobservadorenlinea.com/2016/01/corregir-al-que-se-equivoca/ )

viernes, 25 de agosto de 2023

Aulas vacías

Aulas vacías



 

            Mis lectores más asiduos recordarán no pocos artículos sobre mi vocación y mi gusto por el mundo académico y universitario. Me siento muy afortunado de que mi profesión sea, mucho más que eso, una actividad que amo, y me cuesta entender la frustración o desaliento que otras personas sienten por su trabajo. Pero no se crean, nada de esto significa que la vida universitaria sea un camino de rosas o una balsa de aceite. Hay no pocos inconvenientes y sinsabores. Lo que pasa es que opto (o intento optar) por recordar lo bueno y olvidar lo que no lo es tanto. Y si me quedo con ello, uno de los grandes lujos de mi trabajo, aparte de otras cosas que a veces les he contado, es su sede. Estar cada día en un complejo conventual histórico-artístico tan maravilloso como el formado por el conjunto San Pedro Mártir-Madre de Dios es un privilegio. 

 

            No soy un experto en historia, arte ni literatura, pero soy gran aficionado a todas estas ramas del conocimiento, y después de haber leído todo lo que he localizado sobre estas facetas del espléndido edificio que ocupa mi Facultad, creo que disfruto más su valor. Algún “miradero” he escrito sobre estos aspectos, que también he trabajado para elaborar una “visita virtual” fotográfica al edificio, que preparé hace algunos años. Además, no dejo de aprovechar la ocasión de mostrarlo a alumnos o profesores visitantes, porque, al igual que sucede en su conjunto con nuestra inigualable ciudad de Toledo, uno, aunque no tenga mérito personal en su valor, no puede dejar de estar orgulloso del recinto que acoge la parte más importante de su actividad profesional. Desde luego, uno de los atractivos del lugar es que el trasiego de profesores y alumnos le da habitualmente una vida muy animada. Sin embargo, cuando, ya acabado el curso y las múltiples actividades académicas posteriores (¡ustedes no se imaginan cuántas!) un día paso por la Facultad semivacía, y en un momento de tranquilidad me quedo contemplando los claustros, mi despacho o las aulas vacías… todos estos espacios me hablan y me recuerdan las historias vividas, las enseñanzas transmitidas, las conversaciones intensas, las explicaciones y tutorías; y entonces las propias columnas, los arcos, las piedras, me recuerdan que ellas mismas, por su valor, pero sobre todo por las historias a las que han servido de marco, forman parte muy importante de mi vida desde hace tres décadas. Y me resulta imposible no pararme a pensar en lo afortunado que soy por haber vivido todas esas experiencias en este recinto único.  


(Fuente de la imagen: https://www.abc.es/sociedad/abci-falta-cultura-esfuerzo-y-poca-formacion-edades-tempranas-detras-drama-aulas-vacias-carreras-tenicas-201912190144_noticia.html)

Ibáñez

Ibáñez




 

            En mi infancia, pocos regalos podían hacerme más ilusión que un tebeo de Mortadelo y Filemón. O bueno, ya puestos, eso podía superarse con un Super Humor, que incluía además a Pepe Gotera y Otilio, el Botones Sacarino, Rompetechos, 13 Rúe del Percebe, entre otras fantásticas historias contadas en cómics, la mayor parte de los cuales eran creación de la genial mano de Francisco Ibáñez. Así que simplemente no se puede entender mi infancia sin la obra de este gran creador. Pero además, creo que esto mismo pueden decir muchas personas de varias generaciones, y esto es algo que no se puede decir de muchas personas. Durante años hemos reído con las gracias del pobre Rompetechos sin pensar que eso pudiera ofender a las personas con discapacidad visual, o con las enormes chapuzas de Pepe Gotera y Otilio sin que eso pudiera molestar a ningún profesional o autónomo; tampoco el simpático personaje del botones Sacarino podía interpretarse en ningún tipo de clave clasista, y antes al contrario podría ser una reivindicación de esa humilde y al tiempo importante profesión; y hemos disfrutado con los enredos de la casa de vecinos más loca jamás imaginada, en la que todo era insólito y divertido, y acaso antecedente de series creadas mucho más tarde, como “Aquí no hay quien viva”… Lo bueno del humor de Ibáñez es que, siendo puramente “blanco”, inocente y “suave”, no ha dejado nunca de reflejar una sociedad y su evolución durante décadas, sin perder su elemento crítico y en cierto modo reivindicativo. Y todo ello con un diseño de gráfico excepcionalmente “limpio”, con trazos sencillos y, en todos los sentidos, realmente elegante. 

 

            Pero como puede deducirse de mis primeras líneas, si tengo que elegir los personajes favoritos, no dudaría un instante en mencionar a Mortadelo y Filemón. El agente alto y sin hombros, capaz de disfrazarse de lo que sea en cualquier momento, y al que al final todo le sale bien, es sencillamente un personaje insuperable y que no puede generar más empatía. Pero el jefe gruñón que se cree que lo sabe todo pero es mucho más torpe, no deja de ser a fin de cuentas otro personaje entrañable. Incluso el superintendente Vicente, que solo da órdenes y exige sin parar, tiene su toque simpático. Y el profesor Bacterio, capaz de crear todo tipo de fórmulas y remedios mágicos que jamás funcionan como él pretende, es uno de los personajes más divertidos que quepa imaginar. Juntos han estado en todos los acontecimientos importantes de las últimas décadas, que han servido de contexto para sus disparatadas aventuras. Toda una radiografía, crítica y llena de humor, de un amplio período histórico. Se nos ha ido un creador único e irrepetible.


(Fuente de la imagen:https://www.tebeosfera.com/sagas/mortadelo_y_filemon_1958_ibanez.html )

Problemas de la justicia constitucional

Problemas de la justicia constitucional


 




            No me gusta, como regla general, dedicar estos espacios a nuestra actividad académica, y sobre todo no me gustaría que nada de esto se entendiera como promoción o ensalzamiento de dicha actividad. Pero por otro lado siempre he concebido esta actividad como algo que, más allá de las aulas, ha de estar al servicio de la sociedad, y por eso atiendo siempre que puedo a cualquier medio que plantea inquietudes sobre aspectos relacionados con el Derecho Constitucional. Así que mis lectores más asiduos ya sabrán que la justicia constitucional y la interpretación de la Constitución son dos de las líneas (estrechamente relacionadas entre sí) que con mayor intensidad hemos trabajado. Así, desde hace más de dos décadas, y gracias a un excelente equipo organizador) venimos ofreciendo en la UCLM un curso de postgrado, que desde hace exactamente diez años se celebra en el mes de julio con los mejores especialistas de Europa e Iberoamérica. No nos centramos en España, pero creo que el programa sirve para poner de relieve que los problemas de nuestra justicia constitucional son en buena medida comunes a los de otros países, aunque según los casos, tengan aquí mayor o menor intensidad. 

 

            Así, los cursantes van teniendo la oportunidad de profundizar en problemas como la politización, la siempre frágil independencia judicial, los distintos procesos constitucionales, los déficits en la garantía de los derechos, y por supuesto cuestiones aparentemente más técnicas, pero no menos importantes, como las relativas a los métodos de la interpretación constitucional. Porque la cosa es que aquí, quien tiene la última palabra en materia de interpretación es el que realmente “manda”, y la tensión entre legislador y justicia constitucional es una de las características aparentemente “eternas” de este ámbito, cuya solución dependerá de aspectos como el concepto de Constitución, de Derecho, o como digo las pautas interpretativas que deben seguir los jueces. Y así también podemos conocer experiencias como las de Polonia (uno de los casos más preocupantes dentro de la Unión Europea), Alemania, Italia, Francia, Perú, México, o República Dominicana, entre otros. Todo ello en el ambiente que ofrecen cerca de ciento cincuenta cursantes de Europa e Iberoamérica. No tengo mérito en ello, pues si hay tal se debe a los profesores y a los alumnos. Ni siquiera tengo como cursante este título de postgrado… pero he sido “oyente” todos estos años y, pueden creerme, algo he aprendido. Los ciudadanos deberían ser más conscientes de la importancia de estas cuestiones y problemas, y de ahí nuestro empeño en divulgar la labor que venimos haciendo…

Derechos y democracia

Derechos y democracia




 

            Es uno de los debates clásicos de la teoría política: si la soberanía popular  debe prevalecer sobre todo, o tiene límites, que serían fundamentalmente los derechos. La primera postura sería la de Rousseau, la segunda estaría representada por Locke. Yo creo que se puede ser liberal y demócrata a la vez, pero el punto de equilibrio no es siempre fácil. Indudablemente, yo me adscribo a la línea de los límites necesarios a toda decisión mayoritaria; y no por mi confesada afinidad liberal -entendida en el mejor sentido, hay que aclarar hoy-, sino todo por mi creencia en que la Constitución tiene un sentido, y es precisamente ese. Porque además es evidente que hoy esos límites, constituidos por los derechos, no serían solo la vida, la libertad y la propiedad, sino también los derechos políticos, económicos, sociales, culturales, ambientales, y en definitiva todas las generaciones de derechos. Siempre he dicho que todos los derechos tienen el mismo rango e importancia, con independencia de que en algunos sistemas la garantía de algunos queda algo más debilitada, como sucede precisamente en nuestra Constitución.

 

            Dicho lo anterior, pocos argumentos son más peligrosos como el que tiende a maximizar la idea de esos límites, y sobre todo a seleccionar y orientar el sentido en el que deben interpretarse. Ese argumento, recurrente, parece estar cobrando fuerza en algunos de los mensajes de esta campaña electoral. Basta con decir que una eventual mayoría de derechas (aunque pueda ser en realidad de un arco ideológico mucho más amplio) supondría una amenaza a nuestros derechos, para deducir que tal resultado pondría en peligro la democracia. Si la democracia incluye la idea de que la decisión mayoritaria tiene por límites los derechos, una mayoría que, por esencia y definición, los amenace, no sería propiamente democracia. La conclusión de este silogismo es que siempre que gane la derecha no hay democracia. Pero es claro que tampoco habría democracia si solo puede ganar la izquierda… así que este tipo de razonamientos conducen a un callejón sin salida. Más bien cabría reconocer que todas las mayorías, por desgracia inevitable, van a cometer vulneraciones de los derechos, pero no por ello pueden definirse esencialmente como tal amenaza. Que la diferencia entre izquierda y derecha, si consideramos las opciones moderadas, suele ser de mayor o menor énfasis en los derechos de libertad y los de igualdad. Y si incluimos a las más radicales, el riesgo puede estar tanto en un lado como en otro, pero el sistema tiene -en términos generales- mecanismos para evitarlo o repararlo. Cada uno que vote lo que quiera, pero creo que globalmente nuestros derechos no están en juego y es peligroso transmitir lo contrario.


(fuente de la imagen: http://www.juicios.org/leyes/relacion-entre-la-democracia-y-los-derechos/ )