Chiquito
¡Qué sería de nuestras vidas sin el
humor! El humor es conveniente en casi todas las ocasiones. Incluso se diría
que es particularmente necesario en las situaciones de crisis, pues es un medio
que puede ayudar muy bien a afrontar las dificultades. En España, desde que me
alcanza la memoria (que es la más o menos desde la transición) siempre hemos
tenido humoristas de nivel, desde Gila a Tip y Coll, y poco después Martes y
Trece o Cruz y Raya. Hoy, el género del monólogo nos ha traído a algunos
humoristas excelentes, como Goyo Jiménez, Luis Piedrahita o Eva Hache, pero el
humorista total solo lo veo encarnado en Florentino Fernández o el gran José
Mota (a quien ya dediqué un comentario en su día, y sugiero como doctor honoris
causa de nuestra Universidad), sin olvidar humoristas con múltiples vertientes
como Santiago Segura. Pero Chiquito… era acaso el más exclusivo e irrepetible
de todos.
Actuando de algún modo como enlace entre estas generaciones de la
transición y los 80, por un lado, y nuestro siglo XXI, por otro, “Chiquito de
la Calzada” rompió moldes. Su verdadero nombre era Gregorio Sánchez Fernández, había
nacido en 1932 y dedicado casi toda su vida al cante flamenco, destacando como
palmero, hasta que a los 62 años empezó su actividad televisiva que le hizo de
inmediato famoso en toda España por su inconfundible estilo. Se trataba
simplemente de contar chistes, muchos de los cuales, para ser sinceros, harían
poca gracia en boca de cualquier otro. Pero contados por Chiquito (o quizá
habría que decir más correctamente “escenificados” por Chiquito) toda España se
moría de risa. Sus inconfundibles andares y sus expresiones repetidas nos
encandilaron a todos. Una fórmula aparentemente simple, pero exclusiva. En los
últimos años, Chiquito había desaparecido de la escena pública, y cuentan que
quedó muy apenado tras el fallecimiento de su inseparable esposa Pepita en
2012. Ahora nos ha dejado él, pero quedarán sus expresiones inolvidables,
pronunciadas como él hacía (“finstro”, “pecadorrr de la pradera”, “al
ataquerr”…). Si no existiera, habría que inventarlo… pero es irremplazable, y
por ello nuestro humor queda un poco huérfano. Campofrío ha hecho la mejor
propuesta, al pedir al rey que lo nombre “Conde Mor” (que es un lugar de
Galicia), por la “gloria de tu madre”. D.E.P. Chiquito, “hasta luego Lucas”.
(Fuente de la imagen: http://www.elmundo.es/andalucia/2017/10/15/59e37dbf268e3e73318b45ea.html)
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