Esos seres sensibles
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No hace mucho escribí en este mismo
espacio sobre la protección jurídica de los animales. Ahora tenemos ya en
España una proposición de ley, probable embrión de cambios legislativos. En
este tema, toda protección es necesaria y positiva, pero hay que tener cuidado
con posibles incoherencias, o maximizaciones que llegarían al absurdo. Si los
animales tuvieran derechos, esos derechos no serían humanos, y la dignidad dejaría
de ser su fundamento. De lo contrario, curarnos de una infección vírica podría
llegar a constituir un genocidio, y espero que el lector entienda que no
pretendo trivializar, sino reducir al absurdo. El texto que ahora comento no
pretende eso ni mucho menos, pero sí propone una modificación relevante, que va
muy en la línea de otros países europeos, al definir a los animales como “seres
vivos dotados de sensibilidad” (sería el futuro nuevo artículo 333 del Código
Civil). La proclamación no es retórica, sino que tiene consecuencias
inmediatas, ya que su naturaleza deja de ser la de “cosa”, y el régimen
jurídico de los bienes solo les será aplicable “en la medida en que sea
compatible con su naturaleza y con las disposiciones destinadas a su protección”.
Y, sobre todo, el propietario deja de tener un poder omnímodo, adquiere
obligaciones (respetar su cualidad de ser sensible y asegurar su bienestar) y
debe respetar límites (nunca puede maltratarlo, y el abandono o el sacrificio
solo caben en los supuestos legalmente previstos).
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Aunque, a decir verdad, pocas consecuencias
más se disponen con carácter general para todos los animales, aunque cabe
aplicar ese estatus jurídico de forma proporcional a otras situaciones. Pero la
proposición sí añade una serie de regulaciones para categorías específicas, y
se centra en especial en los animales domésticos y de compañía. En esta última
categoría encontramos las novedades más relevantes, ya que en casos de
separación conyugal o divorcio será posible la custodia compartida, e incluso un
régimen de visitas, y para ello se tendrá en cuenta, entre otros, el bienestar
del animal. Además, estos animales no podrán ser objeto de hipoteca, y serán
absolutamente inembargables. En realidad, yo creo que, más allá de la
sensibilidad, aquí se protege la especial relación del animal con el ser
humano, y por tanto, también en buena medida los sentimientos humanos de cariño
al animal.
Cuando cabe presumir que
esos sentimientos pesan mucho más que el valor económico, tiene sentido por
ejemplo el régimen de visitas o la inembargabilidad. En todo caso, es una reforma necesaria y razonable. De hecho, cuando
le he contado la novedad a mi perro Hugo, enfatizando la importancia de su
cambio de estatus jurídico, ha movido muy alegremente el rabito.
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